Cuando una mujer se convierte en madre, su mundo entero cambia por completo. Es el amor por su hijo lo que la transforma en un ser que cuida sin esperar nada a cambio. Sin embargo, no todo es color de rosa. La maternidad también puede ensombrecer a las mujeres que no cuentan con una pareja responsable, una familia que las sostenga o un sistema de cuidados en su localidad que se preocupe por ellas. Y es que, ¿cómo espera la sociedad que las madres cuiden bien a sus hijos si nadie cuida primero de ellas?
Una persona machista podría opinar que las madres solo deben dedicarse a cuidar a su familia. Una feminista podría responder que una mujer no debe embarazarse hasta alcanzar todos sus planes. Pero esto no es cierto: la maternidad no es un sacrificio. Al igual que las mujeres sin hijos, las madres tienen sueños, con la única diferencia de que ahora carecen de tiempo para cumplirlos. La culpa no la tienen los hijos, sino un Estado ausente que no se hace corresponsable de la crianza de sus futuros ciudadanos.
La Plataforma de Paternidades Perú estima que, hoy en día, los varones se comprometen más con su paternidad que las generaciones anteriores; no obstante, esto no es suficiente. Según la OIT, “las labores de cuidado no remuneradas recaen principalmente sobre las mujeres en una proporción tres veces superior a los hombres”. Esta inequidad en la crianza ocasiona una pobreza de tiempo para las madres, quienes no pueden realizar sus proyectos personales o profesionales porque dedican la mayor parte de su tiempo a administrar su hogar. En 2016, el INEI informó que el trabajo de cuidado produce 1 de cada 5 soles de la economía peruana, por lo tanto, el Estado no puede invisibilizarlo más.
En 2025, la honorable Corte IDH reconoció que las madres gozan del derecho humano al autocuidado y que el Estado debe garantizarlo. Uno de los pocos países en entenderlo fue Colombia. En 2020, Bogotá implementó una política de cuidados gratuitos denominada las Manzanas del Cuidado. Hoy son 23 manzanas que cuidan a las madres en su dimensión física, mental y espiritual para que tengan tiempo de trabajar, estudiar, recrearse, ejercitarse, ir al médico y atender otras necesidades personales.
Se espera que el Perú siga el ejemplo de Colombia. Después de todo, las madres no necesitan festejos una vez al año, sino una buena política pública que redistribuya la carga mental que afrontan en el día a día.